Ni TICfobia ni TICismo fundamentalista

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Es sin duda posible y necesario encontrar el punto equidistante de estas dos posturas extremas y coexistentes entre nuestros claustrales. La situación tan polarizada que vivimos en algunos de nuestros centros amenaza con prolongarse si no se analiza suficientemente y se estudian las medidas necesarias para el encuentro de unos con otros, para que el profesorado inmerso en el contexto tecnológico más inquietante de la historia de la educación, adecúe su mentalidad y su actitud con respecto a la enseñanza al ritmo de los tiempos que nos ha tocado vivir.

Es posible que esta situación a la que aludimos se deba a que hemos vivido unos años en los que se ha dado de todo:

  • Profes que han aprendido sobre las TIC, los que se apuntaron a lo que se ha dado en llamar la alfabetización de la inmigración digital, y profes que han pasado olímpicamente.
  • Profes que han aprendido de las TIC, buscando materiales y formas de mostrarlos más actuales, más sugerentes, y profes que repasan una y otra vez las maltrechas solapas de un cuaderno amarillento.
  • Profes que aprenden con las TIC, elaborando materiales y difundiéndolos una vez convertidos en objetos de aprendizaje virtual, y profes que de tanto repartir una y otra vez la copia de la copia de un original manuscrito o tecleado en una vetusta Olivetti, entregan folios ilegibles.

En contra de lo que podría parecer, tampoco ha sido la solución la aparición de una tecnocracia TIC que unas veces habita en despachos como asesores, otras circula en todo tipo de medios de locomoción hacia lugares distantes para impartir charlas como formadores de formadores y otras, simplemente, levita en la coordinación del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es verdad que se producen encuentros y que se intercambian experiencias entre profesorado perteneciente a Centros TIC, pero en la mayoría de las ocasiones la endogamia produce sensación de exclusión en los no agraciados, cuando no de asfixia en los que sí lo han sido, porque se produce una casi obsesiva insistencia sobre el escenario, la calidad del video del conferenciante o de sus publicaciones, el ambiente, los medios, etc, en detrimento de los fines -que no siempre se analizan o cuestionan- y del contenido -que a veces posee sólo una remota utilidad educativa. Se puede llegar incluso a la contradicción de escoger una puesta en escena totalmente tradicional, correspondiente al modelo unidireccional de formación, entiéndase conferencia, clase magistral, taller… para hablar de la necesidad del aprendizaje colaborativo. El resultado de todo esto se percibe desde fuera, y a veces desde dentro, como un cosmos noetós con vida y entidad propia, ajeno a lo que sucede en las aulas.

En el extremo opuesto se encuentran quienes han descubierdo el núcleo duro de su labor docente, el currículo esencial de su materia y lo trasmiten con un celo admirable de no ser porque viven ajenos, no sólo a cualquier reforma educativa, sino al paso mismo del tiempo. Enseñan como enseñaron o, peor aún, como les enseñaron, sin apenas inmutarse por la desazón que pueden producir entre sus estudiantes. La vida de estudiante es así, piensan, hay que esforzarse si se quiere aprender. El que algo quiere algo le cuesta. No les falta razón: a veces les cuesta demasiado.

Unos y otros padecen cegueras complementarias y parecen ignorar que es más fácil dar una clase magistral que organizar una sesión de aprendizaje colaborativo.

 

Clase magistral:

  • se recurre al conocimiento atesorado tras años de estudio o transmisión, perfectamente ordenado y estructurado para articular un discurso que puede durar la hora de clase entera.
  • Se explica con mayor o menor entusiasmo un saber acabado y perfectamente elaborado, ignorando frecuentemente el contexto de descubrimiento del problema que se aborda. Luego se pide a los estudiantes que hagan unos ejercicios rutinarios para repasar lo explicado.
  • Se transmite inconsciente o deliberadamente una única verdad, la que se considera establecida, como si fuera la única posible.

Sesión de aprendizaje colaborativo:

  • El docente usa su conocimiento para diseñar una situación de aprendizaje anticipatoria de las dificultades y caminos alternativos por los que puede transitar cada uno de tus estudiantes. Esto es muy difícil y no siempre se consigue porque la realidad acaba poniendo las cosas en su sitio y hay ocasiones en que alguien te dice “¿cuál era la pregunta?” o “no entiendo bien lo que hay que hacer”.
  • Se plantea una situación problematizada y se invita a los estudiantes a ofrecer respuestas a la misma usando los materiales disponibles y su ingenio. Algunas de las respuestas se usarán para abordar el contexto de descubrimiento del problema tratado (alguien pensó como tú y hubo alguien que estuvo en desacuerdo por esta razón) y otras para ilustrar el de establecimiento o justificación.
  • Se transmite conscientemente la complementariedad de la verdad.

La solución está, como siempre, en la clase media. En la gran mayoría de docentes que hacen lo que pueden por salir adelante, se apuntan a cursos de teleformación, buscan en la red materiales de otros compañeros o producen los suyos propios, se informan de lo que hacen otros que van un paso por delante, se preocupan de no “cantar siempre el mismo verso, pero con distinta agua”. Esta clase media, en absoluto esnob, pringada a diario junto con sus estudiantes, será la que lleve el peso de la implantación de las TIC en los centros educativos, implantación que no será efectiva hasta que su generalización consiga que un ordenador sea visto como una herramienta de trabajo tan imprescindible como el bolígrafo, hasta que veamos absurdo lo que ahora parece tan normal: “los ordenadores son para el aula de informática, los docentes usamos las nuevas tecnologías como facilitadoras pero no estamos obligados a usarlas constantemente”. O en el peor de los casos, alguna vez.

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2 pensamientos en “Ni TICfobia ni TICismo fundamentalista

  1. lbarroso

    Bien descrita la situación. Aunque yo más que clase media, me siento clase obrera, al menos por lo que se refiere al nivel de pringue y la carencia de medios.

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  2. Lu

    Aciertas con el adjetivo “pringada” al referirte a esa clase “media u obrera” que trabaja con las TIC. Por lo que veo en todas partes cuecen habas. En mi entorno, usar las TIC es cuando menos heroico, pues no hay ordenadores suficientes para todos los alumnos. La proporción en mi centro es de 640 alumnos y 24 ordenadores, que no siempre funcionan.
    En fin, utilizar las TIC es todavía una cuestión sujeta al voluntarismo de un grupo de profesores que aplica aquello de “renovarse o morir”.

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