La profesión de profesor

Este es el título del manifiesto que la Junta de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, en su sesión extraordinaria del 29 de enero de 2008, hizo público para expresar  su disconformidad con el Anexo a la Orden ECI/3858/2007 de 27 de diciembre de 2007 (BOE, 29-XII-2007), el cual establece los requisitos de los títulos de Máster que habilitan para el ejercicio de la profesión de Profesor de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato.

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Se denuncia en este manifiesto, entre otras cosas, que esta nueva regulación supone una “opción por la rebaja de la formación académico-científica del futuro profesor en su campo de conocimiento”. También se afirma que “La formación pedagógica del profesorado no debe obtenerse a costa de dicha formación académico-científica” porque esto podría suponer una merma del principio de igualdad de oportunidades en el acceso a la cultura: “En efecto, garantizar la transmisión de la ciencia y la cultura a todos, en las condiciones intelectualmente más exigentes, es quizá la única manera efectiva de contrarrestar las formas de discriminación que generan las desigualdades socioeconómicas”.

No tenemos claro que la mejor forma de garantizar la transmisión de la ciencia y la cultura a todos se consiga “en las condiciones intelectualmente más exigentes”. Estas condiciones no garantizan sino una educación selectiva y elitista, algo sensiblemente diferente al principio de igualdad de oportunidades.

Compartimos, eso sí,  su reivindicación de que la necesaria “formación específicamente pedagógica para ejercer la profesión de profesor se obtenga a lo largo de un periodo razonable de prácticas remuneradas (por ejemplo, un año) mediante un sistema formativo análogo al actual MIR en Medicina. Sólo la conjunción de una excelente preparación teórica (en contenidos de la materia) y práctica, puede dotar al sistema educativo español de los mejores profesores”.

Consideramos acertado  también el análisis de los profesores Antonio Bolivar, Rafael Feito, y Rodrigo J García porque nuestro interés prioritario debe ser, además de formar para la excelencia, garantizar que todos y cada uno de nuestros estudiantes aprendan gracias a lo que nosotros sabemos. Para lograr esto último es necesario que el profesorado alcance  una  adecuada competencia técnica, emocional y didáctica.

Lamentablemente, no está claro que el profesorado de secundaria considere imprescindible aprender a enseñar. Lo normal es que poseamos una mentalidad disciplinar y estemos convencidos que para enseñar (“transmisión de la ciencia y la cultura a todos”) basta con que nuestros estudiantes interioricen nuestras normas de disciplina, se callen y nos dejen hablar. Hemos completado con éxito nuestra formación universitaria y no creemos necesitar nada más. Es entonces cuando, si la realidad del aula choca con nuestras expectativas,  solemos decir  aquello de “yo no he estudiado para esto”. Efectivamente,  hemos estudiado durante cinco años nuestra disciplina, pero  tan sólo unos meses para gestionar el aula.

El mecanismo de defensa al que frecuentemente acudimos  para escapar de la frustración es la crítica: del sistema educativo, que da más crédito a los pedagogos que a los propios profesores;  de los estudiantes, que ya no son como los de antes; de los padres, porque no educan como debieran, etc.

Para afrontar esta situación, la Ley Orgánica de Educación de mayo de 2006 determina en su artículo 100 que el profesorado deberá poseer una formación profesional inicial que le capacite para afrontar los retos del sistema educativo y  “se adaptará al sistema de grados y postgrados del espacio europeo de educación superior según lo que establezca la correspondiente normativa básica”.  En definitiva, se trata de que para ejercer como docente sea imprescindible poseer un Máster en  Formación del Profesorado de Educación Secundaria. El contenido del mismo es lo que ha propiciado la aparición del manifiesto que hemos comentado. Se ve que es tiempo de manifiestos.

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2 pensamientos en “La profesión de profesor

  1. Rafael López-Gay

    Me quedo sorprendido por la lectura del manifiesto. Quiero hacer brevemente algunos comentarios, quizás desordenados, pero creo que en un foro como éste puedo anteponer la frescura al discurso estructurado:
    1. Cuatro años de formación disciplinar es un buen comienzo para garantizar un mínimo de formación disciplinar a los futuros docentes de secundaria. No obstante, la formación en una didáctica específica siempre va acompañada de una profundización en la formación disciplinar. Todos los que enseñamos sabemos que, cuando preparamos nuestro material seguimos aprendiendo. Algunos, reconocemos que ha sido a partir de ese momento cuando realmente hemos aprendido la disciplina.
    2. Quien conozca el actual CAP sabe de sobre que el máster que se propone no se le parece ni por asomo. Es cierto que incorpora formación psicopedagógica, pero eso no es suficiente para pensar que son “los mismos perros…”
    3. Como profesor de secundaria, reivindico un perfil profesional y unas competencias que no son una mera prolongación de mi formación disciplinar.
    4. No conozco muchas investigaciones en el campo de la enseñanza y aprendizaje de la Física, de la Matemática, de la Filosofía que se hayan llevado a cabo en Facultades que respondan a esa disciplina. La didáctica específica no ha conseguido calar como objeto de investigación en esas Facultades, salvando contadas excepciones de algunos Departamentos.
    5. Existe todo un campo de investigación en didácticas específicas que ese documento parece ignorar. Creo que se ignora que un máster como el que se propone puede contribuir a desarrollar el campo de las didácticas específicas. Un profesor de secundaria puede ser formado para investigar sobre la enseñanza y el aprendizaje de disciplinas, tal como puede apreciarse en las publicaciones científicas (enfrentadas siempre a las publicaciones didácticas, reflejo de la ignorancia habitual sobre este campo) y en las tesis doctorales realizadas en este campo, hasta ahora a través de un camino muchas veces heterodoxo dentro de los cauces universitarios. Heterodoxia que refleja la escasa atención que hasta ahora la universidad le había prestado a este problema.
    6. No comparto en absoluto la reducción de la “excelente formación teórica” a los contenidos disciplinares, y que lo demás sea práctica. Esa afirmación supone desconocer un cuerpo de conocimientos amplio y directamente relacionado con la enseñanza secundaria.
    7. Creo que en el fondo de la cuestión está el miedo a perder potencial investigador en esas Facultades, tal como se denuncia en el citado manifiesto. El fracaso continuado, año tras año, en la implantación del máster de secundaria, con gobiernos de distinto signo,desde mi punto de vista está directamente relacionado con el reparto del pastel que supone un máster tan demandado como el que nos planteamos. La organización y gestión del citado máster debe corresponder a Facultades de Educación por su condición de aglutinante de las distintas especialidades, lo cual no quiere decir que la docencia de ese máster deba corresponder en exclusiva a esas Facultades. Debe establecerse un perfil profesional para ser profesor de ese máster, y no asignarse de forma automática a uno u otro Departamento. Y parece lógico que acreditar una experiencia investigadora en el ámbito de la enseñanza secundaria y/o de alguna de sus disciplinas debe ser un requisito deseable para ser profesor de ese máster.
    8. Por último, contraponer formación didáctica y formación en la excelencia es desconocer los avances y aportaciones de la investigación didáctica. Mi experiencia profesional de veinticinco años como profesor de Bachillerato (y Secundaria Obligatoria) me lleva a conclusiones muy distinas. Cuando intento que mis estudiantes aprendan y comprendan bien, me planteo qué piensan y por qué piensan lo que piensan, qué dificultades y obstáculos van a encontrar en ese aprendizaje concreto, qué obstáculos y dificultades existieron cuando se construyeron esos conocimientos, qué cuestiones y problemas intentaron resolver, qué cuestiones pueden hoy dar sentido al esfuerzo de mis alumnos de tal forma que consideren que lo que van a aprender es “imprescindible” para ellos, qué actividades puedo plantearles para que se enfrenten con las dificultades y puedan superarlas, qué actividades plantearles para que revisen y refuercen lo que han construido, cómo puedo valorar lo que han aprendido… Para ello, leo libros y revistas especializadas en la enseñanza de mi disciplina, leo trabajhos de investigación de otros compañeros… Lo siento, pero esto es investigación, y es una investigación centrada en un campo muy específico, tan específico como alejado de los interesantes problemas y objetos de investigación de otros investigadores en la disciplina.

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