Las convicciones a los presupuestos

Esto es lo que decía el flamante ministro de Educación unos días después de ser nombrado en una entrevista publicada por El País. Se ve que la profundiad de este aforismo ha impedido que se pierda en los pliegues de mi memoria porque estos días he vuelto a ser consciente de la verdad que contiene. Y es que la realidad nos ofrece continuamente ocasiones para desdecirnos o para ser consecuentes con lo que pensamos. Recientemente el Gobierno de Cantabria negó la renovación del concierto educativo al colegio Torrevelo, vinculado al Opus Dei, porque sólo admite a chicos. Así mismo el Gobierno saliente de la Xunta de Galicia quitó la subvención a los cinco centros concertados que llevan a cabo una educación segregada. Andalucía debe estar en proceso de reflexión o de extracción de consecuencias del principio ministerial porque pretende quitar el concierto si y sólo si algún padre denuncia. Se ve que sólo se “vulnera” la normativa de admisión y “los principios y fines” del sistema educativo, “basados en la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, así como en la igualdad de trato” si y sólo si alguien se siente discriminado.

Nunca pensé que acabaría escribiendo sobre coeducación porque considero que este asunto no debe ser objeto de reflexión teórica, sino de cohabitación y convivencia. Nuestros estudiantes cuando vienen al mundo lo hacen en el seno de un círculo hermenéutico o de interpretación del mundo en el que aprenden a ser personas de acuerdo con los valores imperantes en ese círculo, fundamentalmente familiar. Su mundo está constituido por posibles elecciones que les llevarán a ser lo que ellos decidan ser. Si por azares del destino uno de nuestros estudiantes tiene la mala fortuna de nacer en el seno de una familia que le educa de forma diferenciada, no tendrá nunca la oportunidad de tratar a un semejante de distinto sexo de forma igualitaria si en la escuela se repite la misma estrategia segregadora. Tal vez llegue a ser un excelente profesional, pero desconocerá cómo siente un colega de distinto sexo y tal vez emplee más tiempo en pensar cómo dirigirse a el o ella que el que dedicó a estudiar la carrera.

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