La parábola del buen TICiano I


Procedencia de la imagen: http://www.telefonica.net/
La última semana hemos podido leer  algunos relatos pertenecientes a una saga de cuentos 2.0 iniciada por Juanjo que nos han hecho recordar a los conocidos y amigos que los escriben y alguna historia, ya antigua, que reproducimos a continuación. Esperamos que incite, como a nosotros, a la reflexión, la autocrítica y la sonrisa.

El día en que TICiano tuvo la gran revelación había madrugado más de lo habitual. La impaciencia por usar la herramienta de labranza que había comprado la tarde antes le condujo hacia sus campos sin que apenas fuera consciente del camino que andaba. Una vez allí, inició sus labores atento al ir y venir de su mano armada con el ligero artefacto que cortaba la hierba de raiz al tiempo que removía la tierra. Su satisfacción compensaba con creces su cansancio, pero su progresivo ensimismamiento acabó por apartarlo de la labor que había iniciado con tanto entusiasmo unas horas antes.

Las ideas brotaban en su cabeza y era necesario dedicarles el debido tiempo. Sentado bajo la sombra generosa de un árbol centenario supo lo que debía hacer: escribiría un tutorial sobre el uso de la herramienta que acababa de estrenar, ilustraría a otros con sus descubrimientos, allanaría el duro camino del novato, intentaría crear una red de usuarios bien informados sobre las posibilidades de este nuevo recurso. Durante el camino de regreso ideó su estrategia: esperaría a que el resto de labriegos volviese de sus labores para encontrarse con ellos en la plaza, allí les convencería para que escucharan sus intenciones. A pesar de que su estrategia parecía estar decidida, se abría ante él un mundo de interrogantes: ¿Contribuyen realmente las nuevas herramientas a la mejora de las labores del campo? ¿Son las herramientas un fin en sí mismas o son mediadoras de la cosecha? Cuanto más pensaba en estas cuestiones más dudas le sobresaltaban: ¿hemos reflexionado lo suficiente sobre el modelo de labranza que queremos? ¿Qué, cuando, cómo labrar?

La profundidad de las cuestiones que se planteaba no le impidió estar a la hora adecuada en la plaza donde los lugareños acostumbran reunirse para hablar sobre cuestiones del día a día. Aprovechó la ocasión en que un vecino se quejaba de la poca inversión del Gobierno de la nación en infraestructuras y accesos a los campos para introducir sus preocupaciones en la conversación. “¿ Alguna vez habéis reflexionado sobre las posibilidades que nos ofrece el nuevo entorno tecnológico conocido como agro2.0?”, espetó. Como percibió que había conseguido atraer la atención de los demás continuó con arengas que poco a poco fueron calando en las mentes de los que le escuchaban. Al fin alguien dijo: “¡oh TICiano, dinos tú cómo se usan las herramientas! Llevo mucho tiempo trabajando el campo y nunca había reflexionado sobre la herramienta que me acompaña desde entonces.” A lo que otro contestó: “Tienes toda la razón, no deberíamos trabajar como se hacía en el siglo pasado”.

Al día siguiente muchos se volvieron a reunir en el mismo lugar y convinieron en que no irían a los campos hasta que no hubiesen precisado, al menos, el sentido y alcance de las nuevas herramientas. Pasaron días y días de acalorada discusión y considerables avances teóricos que eran regularmente compartidos con los pocos vecinos que no asistían a las discusión pero que se mostraban interesados por los resultados de las mismas. Primero se criticó el sistema de cultivo antiguo por considerarlo excesivamente unidireccional y carente de verdadera interacción y luego las herramientas privativas o propietarias porque impedían la adaptación a las nuevas necesidades del campo, siempre únicas e irrepetibles. No tardó en llegar el convencimiento de que era imprescindible crear un foro permanente de discusión sobre el uso de las nuevas herramientas y dotarse de infraestructura suficiente para asegurar la formación de los nuevos y no tan nuevos agricultores en este mismo uso. Finalmente las cosas quedaron tal y como juzgaron que debían estar: unos labrarían los campos y otros se encargarían de -la no menos importante labor- de discutir sobre el uso adecuado de las herramientas y formar a quienes lo necesitaran.

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